ELIZABETH PEYTON: BIOGRAFÍA

“Self-Portrait”, de Elizabeth Peyton

“Self-Portrait” (1999, Elizabeth Peyton y Gavin Brown’s Enterprise, Nueva York, © Elizabeth Peyton).

Elizabeth Peyton

(Nació en Danbury, Connecticut, Estados Unidos, el 20 de diciembre de 1965*) es una artista que ha destacado por sus retratos de personajes famosos y de sus amigos cercanos, basados en fotografías procedentes de libros, revistas del espectáculo e incluso de fotografías captadas por ella misma; también, a partir del siglo XXI, ha creado obras con modelos vivos. En el año 2006, obtuvo el 14th Annual Larry Aldrich Award, premio que otorga el Aldrich Contemporary Art Museum. Peyton vive y trabaja en Nueva York, Estados Unidos[1].

 

 

Inicios

Elizabeth Peyton pasó su infancia y adolescencia en Danbury, Connecticut, donde su padre y su madrastra, muy aficionados al arte y la literatura, tenían un negocio de fabricación de velas. Durante su niñez, en los años 70, estuvo fascinada por las estrellas de tenis y patinaje sobre hielo, pero cambió sus preferencias por la música popular cuando su hermana mayor le recomendó escuchar a la banda de punk inglesa The Clash; luego Peyton recordaría en una entrevista con el periodista musical Jon Savage, para el periódico inglés The Guardian: “No había nada parecido en Connecticut, al escuchar esos discos, sentí que no era un bicho raro, que había un mundo más grande que Connecticut, donde me estaba volviendo loca”[2]. Se mudó a la ciudad de Nueva York, donde estudió en la Escuela de Artes Visuales, de 1984 a 1987, graduándose de Bachelor of Fine Arts (BFA). Debido a que nació con sólo dos dedos en su mano derecha, aprendió a dibujar con la mano izquierda. Para ganarse la vida, trabajó, de 1987 a 1990, como ayudante del artista Ronald Jones, y luego, de 1990 a 1993, como investigadora con foto reporteros en una empresa que ofrecía imágenes de archivo para las revistas. Peyton se casó con el artista Rirkrit Tiravanija, en 1991; se separaron a finales de los años noventa, y se divorciaron en el 2004.

 

Su obra

Las obras de Elizabeth Peyton plasman la manera en que algunas personas, tanto la gente de su entorno como las figuras públicas que jamás han tenido contacto físico con ella, han influido en su vida, como Napoleón, María Antonieta, Luis II de Baviera, Óscar Wilde, Elvis Presley, John Lennon, Sid Vicius, Kurt Kobain, Eugéne Delacroix, Georgia O’Keeffe y Frida Kahlo; y amistades desconocidas para el resto del mundo, como Tony, Craig, Ben, Nick y Spencer. El título de la mayoría de sus obras es el nombre del modelo; salvo en el caso de los personajes históricos, los apellidos salen sobrando, para la artista no son más que Kurt, Sid, Liam, Max, Sydney, Craig, Ben, Nick, Anette, Frida, Max, Keith… Peyton sólo retrata a las personas que han sido un factor de cambio en su entorno, ya sea que éste tenga una trascendencia mundial, o sólo se limite a un ámbito más íntimo.

En su libro de arte Craig (Edición Salzau, 1998), Elizabeth Peyton combina la pintura, la fotografía, el dibujo y las notas periodísticas, con el propósito de borrar las fronteras que separan a las celebridades de las personas anónimas. La acuarela de la coronación de la reina Isabel II, los dibujos y pinturas de Lady Di y del roquero punk Johnny Rotten, nos producen un extraño deja vu, como si estuviéramos ante el álbum fotográfico de nuestra familia. De esta manera, la artista sitúa a sus modelos en un estado “angélico”, en el que no hay una clara distinción de los sexos, la juventud es eterna y la gloria está al alcance de todos. Peyton rechazó tanto a los artistas de la década de los ochenta que pensaban que la belleza es “su lado de putita”[3], como a los que creen, como el Balzac decimonónico, que la curva de la nariz o el gesto de la boca pueden expresar una cualidad interior, que se podría leer en el rostro. A Peyton le agrada la idea de que “la belleza viene de muchas cosas y que no es fácil de conseguir”[4]. En el mundo hay millones de personas lindas, pero muy pocas son bellas; y me refiero, en los términos de Óscar Wilde, a esa belleza que no es “un simple accidente de la existencia humana, que la gente pueda tomar o dejar, sino una necesidad positiva de la vida”[5].

Elizabeth no se limita a ilustrar ni a reproducir servilmente, sino que trabaja en la composición, el espacio, el estilo y el color, a fin de plasmar en sus retratos un sentimiento de intimidad, que se acentúa con el formato pequeño de los cuadros. En la obra de Elizabeth Peyton, los retratados, tanto las destacadas celebridades, como los personajes anónimos, aparecen como fantasmas, despojados de cualquier sensación de lejanía o pretensión de superioridad. La intención de la artista es captar el espíritu de un tiempo, en el cual los famosos forman parte de nuestras vidas, tanto como el vecino, el familiar o el compañero de trabajo. Peyton no está interesada en la fama de su modelo, sino en sus cualidades estéticas; por tanto, en su dibujo no hay espacio para la ironía o la burla. La artista no cuestiona el sistema que produce a las celebridades; simplemente lo concibe como un hecho, algo inherente a la naturaleza humana. Peyton toma la imagen de la artista famosa como una fruta caída; pero no dibuja una naturaleza muerta de nuestro mundo mediatizado, sino que transforma ese objeto en algo vivo, cercano y familiar. Contrario a lo que se pudiera pensar, Peyton no se deja deslumbrar por el encanto de los personajes famosos; como lo señala, a propósito la elección de sus temas: “la celebridad, en sí misma, no es tan interesante para mí; pero es interesante lo que la gente hace…. Pienso en el arte y lo que significa para la sociedad, a través de las personas que pinto y la manera en que (ellas) forman parte de una época, quizás más que otra gente”[6]. En algunas obras, Elizabeth Peyton toma de la fotografía la imagen de la persona que encarna los símbolos de la fama y el poder, y la despoja de tales elementos, a fin de transformarla en una persona común y corriente, que, no obstante, posee cierto atractivo andrógino. Cuando, en una entrevista, se le pidió su definición de un retrato, Peyton respondió “invariablemente es acerca de las personas, creándolas ahí, haciendo que se vean lo mejor posible, y conservándolas para siempre”[7].

La música es importante en la obra de Elizabeth Peyton, y en particular el rock es una gran fuente de inspiración, tanto por los modelos de sus retratos como por las atmósferas de los cuadros. La artista es particularmente aficionada a los grupos británicos; realizó la portada de The Best of Suede, el álbum compilatorio de la banda de rock alternativo inglesa “Suede”. Entre los músicos retratados por la artista se pueden mencionar a Kurt Cobain, Liam Gallagher, Jarvis Cocker, Pete Doherty, Peter Wolfe, Sid Vicious, Elvis Presley, Keith Richards y David Bowie. Otro tipo de celebridades, no menos escandalosas que los músicos, es la integrada por los miembros de la Familia Real Británica, la máxima dinastía de las revistas del corazón, entre los que se encuentran Elizabeth II, Lady Di, y los príncipes Harry y William.

A finales de la década de los noventa, Elizabeth Peyton comenzó a darle más importancia tanto a la composición como a la expresión psicológica de sus retratos. La paleta de la artista se volvió más clara y sus trazos más seguros. La despreocupación de los años noventa se transformó en el sentimiento de soledad y desesperanza del inicio del milenio. La actitud de los modelos se volvió más vulnerable e introspectiva; ya no posan en actitud romántica ni tienen un aire de dandy del siglo XIX, ahora Peyton muestra su psique, a través de la composición y el uso de los colores. En el año 2001, Elizabeth Peyton se mudó de Manhattan hacia North Fork, Long Island, Nueva York. Peyton incorporó a sus cuadros los colores y la luz de la costa de la punta norte, de la isla neoyorkina. Empleó más la pintura basada en modelos y paisajes en vivo, en lugar de recurrir a fotografías, portadas de revistas y recortes de periódicos. En el año 2004, con el alquiler temporal de un estudio en Manhattan, Peyton comenzó a pintar escenas de la vida y de sus propias fotografías, sin dejar de lado los dibujos de fuentes literarias (libros y revistas); en estas obras los colores son más ligeros, aclarados por la luz natural, y las poses de sus modelos se tornaron menos rígidas y más relajadas. La artista también ha combinado las pinturas dibujadas al natural con las escenas extraídas de fotografías de filmaciones y de fotogramas de películas. En el último lustro, Peyton ha explorado los tradicionales bodegones, aunque con un fuerte elemento de retratos; obras como “Pati” (2007), “Flowers and Diaghilev” (2008), “Cat (Cat Still Life)” (2009), “Houdini” (2009), “Yoko Still Life (after Don Brown)” (2009), “Flowers. Lichtenstein, Parsifal” (2009), “Flowers and Books Camille Claudel, # 1” (2010) y “Acteón, Justin Bieber, and Grey Roses” (2011), fusionan los géneros pictóricos, pues la naturaleza muerta oculta, entre una amplia gama de objetos estáticos, la imagen del retratado, pero el conjunto extrae su personalidad y estado ánimo. En los años 2010 y 2011, Peyton continuó pintando retratos tanto de su círculo de amistades como de los artistas y personalidades que le atraen, sólo que ahora ha dejado a un lado su paleta de colores brillantes, y se ha inclinado por los matices opacos, tal vez tratando de reflejar un periodo más reflexivo o maduro. En el año 2012, Elizabeth Peyton siguió creando retratos con un fuerte elemento de naturaleza muerta; un reflejo de esta tendencia es la exposición “Jonathan Horowitz-Elizabeth Peyton. Secret Life”, en la galería Sadie Coles HQ, en Londres, Inglaterra (del 7 de junio al 25 de agosto del 2012), en la que Horowitz y Peyton integran varias técnicas plásticas para explorar la relación entre las plantas y la psicología humana.

En el año 2013, presentó dos exposiciones individuales en los Estados Unidos (Klara: 13 Pictures, Michael Werner Gallery, Nueva York; serie de trece retratos de su amiga, la también artista Klara Liden; y una exposición en la galería Gavin Brown’s enterprise, Nueva York); y una en Alemania (Here She Comes Now, Staatliche Kunsthalle Baden-Baden). A las cuales siguieron, en el año 2014, Elizabeth Peyton: Da scheinest Du, o lieblichster der Sterne, Neugerriemschneider, Berlín, Alemania; y Street posters in the centre of Arles, Fondation Vincent Van Gogh, Arles, Francia. Las últimas obras de Elizabeth Peyton se han caracterizado por un tratamiento más abstracto en sus retratos, y una paleta con colores opacos.

La crítica

 

Con motivo de la primera exposición retrospectiva de Peyton, titulada “Live Forever: Elizabeth Peyton”, en el tercer y cuarto piso del New Museum, de Nueva York (la exposición permaneció del 8 de octubre del 2008 al 11 de enero del 2009; posteriormente, se trasladó al Walker Art Center, de Minneapolis, del 14 de febrero al 14 de junio del 2009; y al Bonnefantenmuseum, en Maastricht, Holanda, del 18 de octubre del 2009 al 21 de marzo del 2010), curada por Laura Hoptman, se escribieron varias reseñas alusivas a sus retratos de los años ochenta y noventa, y el giro que había dado su obra durante el transcurso de la primera década del siglo XXI.

La exposición de Peyton se presentó al mismo tiempo que otras dos exposiciones, en museos importantes de Nueva York, de mujeres artistas: “Marlene Dumas: Measuring Your Own Grave”, en el Museo de Arte Moderno; y “Catherine Opie: American Photographer”, en el Guggenheim. Como lo señalara Nadia Tscherny, en su artículo “Elizabeth Peyton: Beautiful People”, en la revista Art in America, “A pesar del contraste de estilo e intención, sus obras comparten ciertas preocupaciones que han sido centrales en los últimos 20 años; incluyendo lo público contra la identidad privada; la sexualidad y el género; la belleza y la percepción. Peyton es quizá la menos autoanalítica, pero la más coherentemente autorreferencial de las tres; después de haber declarado su interés en sólo retratar a la gente que a ella le importa profundamente. Excepto por lo extracciones de su propia memoria e imaginación, ella no se aventura lejos de los recintos de la publicidad de la cultura contemporánea”[8].

Por su parte, Roberta Smith, en su reseña “The Personal and the Painterly”, en la sección Art Review, del periódico New York Times (9 de octubre del 2008), señaló que la “prominencia de la Sra. Peyton es una casualidad u otro signo del ascenso femenino. Su arte parece pertenecer a una cadena de pintura que históricamente ha sido rechazada o marginada, y para la cual el respeto tiende a llegar tarde, en todo caso. Se le podría llamar arte femenino. Incluye las pequeñas naturalezas muertas del Manet tardío y las extensas trayectorias de Giorgio Morandi y William Nicholson; la obra de Marie Laurencin y Florine Stettheimer, quien, como la Sra. Peyton, hizo la crónica de sus círculos artísticos; y las abstracciones sugerentes de O’Keeffe”[9]. Según Smith, los adorables retratos -en deuda con el arte de David Hockney, Alex Katz y Andy Warhol-, relativamente desprotegidos por la ironía o el tamaño, “han sido con frecuencia rechazados con la observación ofensiva du jour”, debido a que “son bonitos, son ligeros, están obsesionados con las celebridades, son pinturas, se venden; todo esto es verdad hasta cierto punto, pero difícilmente toda o la parte más interesante de la historia, la cual ‘Live Forever: Elizabeth Peyton’ está en proceso de contar lo más completamente posible”[10].

Uno de los artículos más críticos, en el sentido negativo, con la obra de Peyton fue “Fame Fucking and Other Frivolities”, escrito por Donald Kuspit; aunque el texto contiene descalificaciones viscerales (“tienes que ser un adolescente, seguramente de no más de 14 o 15 –tal vez de 16 y 17 para personas gravemente retardadas emocionalmente-, para creer que Kurt Cobain es un genio –‘el Rimbaud del Rock’-, que Keith Richards es un músico brillante –‘el Beethoven del ruido’-, y que ambos son artistas en el mismo sentido que Frida Kahlo, otra de las celebridades idealizadas por Elizabeth Peyton; y tienes que ser un ignorante de la historia del arte para pensar que los pequeños retratos de los famosos son la misma calidad estética y complejidad expresiva que los dolorosos autorretratos de Kahlo. Bonito no es bello ni sublime sino complaciente y superficial”[11]), se pueden encontrar algunos elementos interesantes para conocer la forma en que los críticos de la generación de Kuspit califican la obra de la artista:  “Pero entonces, los retratos de Peyton –la mayoría pinturas, la mayoría pequeños, con la excepción de tres retratos de tamaño mediano (uno de Georgia O´Keeffe), que también tienen un aura de pseudointimidad (pero ningún conocimiento, pseudo o de otra manera, de la persona retratada)-, están dirigidos a los infantiles de espíritu, prematuramente empañados por la tentación. Así, la mirada con timidez inocente de los chicos bonitos y de las chicas con aspecto de chicos de Peyton –la mirada de aquellos que aún no han resuelto y tienen poco interés en resolver lo que los psicoanalistas llaman “el conflicto bisexual”- para ser unisexual debe ser poco sofisticada, por no decir aburrida… Peyton chupa a las celebridades de la cultura popular (incluyendo a Napoleón), complaciendo a los adolescentes en el mejor espíritu de la explotación sexual capitalista; esto es, imágenes en las que el sexo –o más bien su ilusión estereotipada- se utilizan para explotar económicamente a aquellos con poca o ninguna conciencia crítica ni mucho menos experiencia de la sociedad: Aquellos inmaduros de la vida y que por lo tanto carecen de la desconfianza de la sociedad que es necesaria para sobrevivir en ella”[12].

La historiadora de arte Nadia Tscherny, en un artículo de la revista Art in America, de febrero del 2009, señaló: “Sin embargo, como Peyton entra en la edad madura (nació en 1965), la concentración en el retrato puede ponerse problemática: algunas de las personas que la han rodeado (Joe Montgomery, Gavin Brown y Matthew Barney en la exposición), son de mediana edad, evidentemente no fueron seleccionados por su belleza cubierta de rocío. Peyton ha abandonado el encanto de la belleza superficial a favor de un compromiso más profundo con los signos de la experiencia y la madurez; la opinión acerca de sus obras más recientes se ha dividido. En el retrato de Barney, el ceño fruncido y los ojos hundidos sugieren cansancio o la carga de las preocupaciones, pero no es suficiente para mantenernos involucrados: sí, echamos de menos la chispa del estilo de la firma de Peyton. Ha oscurecido y enturbiado los colores, y, en un nuevo tratamiento pictórico más áspero, la pincelada ya no se desliza, sino que parece vacilante, incluso torpe”[13].

El crítico Jerry Saltz escribió, en el New York Magazine, un elogio a la madurez mostrada en sus pinturas más recientes: “Elizabeth Peyton, la artista conocida por los pequeños, deslumbrantes retratos de la radiante juventud, ahora pinta pequeños, deslumbrantes retratos de la radiante mediana edad. El cambio es tan sutil que usted se lo puede perder, y no está aún en todos sus nuevos cuadros, algunos de los cuales sólo parecen bonitos, aunque nunca hay que lamentarse de un toque tan delicado y del sentido afinado de más o menos lo mismo. Sin embargo, la lavanda de Peyton, el lila, el púrpura, y las cartas de amor carmesíes a la edad de la inocencia reflejan finalmente la edad de la experiencia. Su hábil manejo del pincel y su admiración soñadora se encuentran todavía a prueba, pero su color oscuro y su mirada tienen menos lunares. Varios de sus modelos parecen hastiados del mundo, como si estuvieran viviendo la vida, no sólo siendo fabulosos. De algunos artistas, como Robert Ryman u On Kawara, no se espera un cambio, porque su trabajo es acerca de la continuidad. Pero el cambio está incorporado a lo que Peyton hace. Es por eso que estos signos de crecimiento son buenos”[14].

* Fecha de nacimiento según The Grove Encyclopedia of American Art. Editada por Joan Marter. Oxford University Press. 2011.


[1] Elizabeth Peyton Sadie Coles HQ, London.

[2] The Guardian (Londres, Inglaterra), 20 de diciembre de 1996, p. 2.

[3] Elizabeth Peyton. Entrevista con Robb Pruitt y Steve Lafreniere. 2000. “It’s like they think it’s their slutty side. Especially when we were coming in, in the ’80s. It was such a no-no to have that”.

[4] Ibid. “I like the idea of beauty coming from lots of things and that it’s not easy to get there”.

[5] Óscar Wilde, ob. cit. (nota 1).

[6] Live forever catalogue. Laura Hoptman, Kraus Family Senior Curator. “Celebrity in itself is not that interesting to me, but it is interesting what people do…. I think about art and what it is in society through the people I paint and how [they] are a part of their time, maybe more than other people are.”

[7] L. Pilgram. “An Interview with a Painter”. Parkett 53, Zurich, pág. 59, 1998.

[8] “Despite striking contrast of style and intention, their Works share certain concerns that have been central to the art of the 20 years, including public versus private identity, sexuality and gender, beauty and perception. Peyton is perhaps the least self-analytical but most consistently self-referential of three, having declared her interest in portraying only people she cares about deeply. Except for mining her own memories and imagination, she doesn’t venture far from the hip precincts of contemporary culture”. P. 9.  Nota 31.

[9] “Ms. Peyton’s prominence is either a fluke or a further sign of the ascendancy of the feminine. Her art seems to belong to a strand of painting that has historically been dismissed or marginalized, and for which respect tends to come late, if at all. You could call it girly art. It includes the small still lifes of late Manet and the long careers of Giorgio Morandi and William Nicholson; the work of Marie Laurencin and Florine Stettheimer, who, like Ms. Peyton, chronicled their artistic circles; and the suggestive abstractions of O’Keeffe”. Roberta Smith, “The Personal and the Painterly”, en la sección Art Review, del periódico New York Times, del 9 de octubre del 2008.

[10] “They’re pretty. They’re slight. They’re celebrity besotted. They’re paintings. They sell. All this is true to some degree, but hardly the whole or most interesting part of the story, which “Live Forever: Elizabeth Peyton” is at pains to tell as completely as possible”. Idem.

[11] “You’ve got to be an adolescent — surely not more than 14 or 15 (maybe 16 and 17 for the seriously emotionally retarded) — to believe that Kurt Cobain is a genius (“the Rimbaud of rock”), that Keith Richards is a brilliant musician (“the Beethoven of noise”) and that they’re both artists in the same sense in which Frida Kahlo, another one of Elizabeth Peyton’s idealized celebrities, is. And you’ve got to be art historically ignorant to think that Peyton’s pretty little portraits of celebrities are of the same esthetic quality and expressive complexity as Kahlo’s painful self-portraits. Cuteness is neither beautiful nor sublime, but ingratiating and shallow”. Donald Kuspit.  “Fame Fucking and Other Frivolities”. 30 de octubre del 2008.

[12] “But then Peyton’s portraits — most paintings, and most small, with the exception of three mid-size portraits (one of Georgia O’Keeffe), which also have an aura of pseudo-intimacy (but no insight, pseudo or otherwise, into the person portrayed) — are addressed to the infantile in spirit, prematurely tarnished by temptation. Thus the coyly innocent look of Peyton’s pretty boys and boyish girls — the look of those who have not yet resolved and have little interest in resolving what psychoanalysts call the “bisexual conflict” — for to be unisexual is to be unsophisticated, not to say boring… Peyton sucks up to pop culture celebrities (including Napoleon), pandering to adolescents in the best spirit of capitalist sexploitation, that is, imagery in which sex — or rather its stereotyped illusion — is used to economically exploit those with little or no critical consciousness let alone experience of society: those unseasoned by life and thus lacking the suspiciousness of society necessary to survive in it”. Idem.

[13] “Yet as Peyton enters middle age (she was born in 1965), the concentration on the portrait may be growing problematic: some of the people who now move her (Joe Montgomery, Gavin Brown and Matthew Barney in the show), themselves middle-aged, have evidently not been selected for their dewy beauty. Peyton has forsaken the allure of surface beauty in favor of a deeper engagement with the signs of experience and maturity; opinion on these recent works has been divided. In the portrait of Barney, the frown and sunken eyes suggest weariness or the burden of concerns, but it’s not enough to keep us engaged: yes, we miss the sparkle of Peyton’s signature style. She has darkened and muddied the colors, and, in a new, rougher pictorial treatment, the brushwork no longer glides but appears hesitant, even awkward”. Elizabeth Peyton. Beautiful people, de Nadia Tscherny. Revista Art in America, pág. 106. Febrero del 2009.

[14] “Elizabeth Peyton, the artist known for tiny, dazzling portraits of radiant youth, is now painting tiny, dazzling portraits of radiant middle age. The change is so subtle you can miss it, and it’s not even in all her new pictures, some of which just seem pretty—although one should never bemoan such a delicate touch and honed sense of too-muchness. Yet Peyton’s lavender, lilac, and crimson love letters to the age of innocence are finally reflecting the age of experience. Her deft brushwork and starry-eyed doting are still in evidence, but her color has darkened and her gaze is less moony. Several of her subjects look world-weary, like they’re living life, not just being fabulous. Some artists, like Robert Ryman or On Kawara, aren’t expected to change, because their work is about continuity. But change is built into what Peyton does. That’s why these signs of growth are good”. Elizabeth II. Elizabeth Peyton returns to life, de Jerry Saltz. Revista New York Magazine. 11 de mayo del 2008. http://nymag.com/arts/art/reviews/46791/

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