ELIZABETH PEYTON: NATURALEZA VIVA

“Pati”, de Elizabeth Peyton.

“Pati” (2007, óleo sobre tabla, 22.9 x 17.8 cm, Colección privada), de Elizabeth Peyton.

En el último lustro, Elizabeth Peyton ha explorado los tradicionales bodegones, aunque con un fuerte elemento de retrato; obras como “Pati” (2007), “Flowers and Diaghilev” (2008), “Cat (Cat Still Life)” (2009), “Houdini” (2009), “Yoko Still Life (after Don Brown)” (2009), “Flowers. Lichtenstein, Parsifal” (2009), “Flowers and Books Camille Claudel, (Two) 2010” (2010) y “Acteón, Justin Bieber, and Grey Roses” (2011), fusionan distintos géneros pictóricos, de manera que la naturaleza muerta oculta, entre una amplia gama de objetos estáticos, la imagen del retratado, pero el conjunto extrae su personalidad y estado ánimo.

En “Pati” (2007, óleo sobre tabla, 22.9 x 17.8 cm, Colección privada), se muestra, a la derecha de la pintura, en primer plano, un ramo de flores rojas, en un recipiente traslúcido, mientras que, en un segundo plano, a la izquierda, aparece la imagen de la portada de Horses, el álbum debut de la cantante Patti Smith (editado en el año 1975, por el sello discográfico Arista Records); la icónica fotografía, tomada por Robert Mapplethorpe, es reconocible para cualquier amante del punk: la figura andrógina de Smith, vestida de pantalón oscuro, camisa blanca y tirantes, como un oficinista, que sostiene al hombro su saco, al tiempo que lanza una mirada desafiante al espectador. A juzgar por la perspectiva, y el tamaño del cuadro, podemos aventurar que el florero es un vaso, y la fotografía, la portada, gastada de tanto manipularse, que contiene la caja del disco compacto de Horses, reeditado en el año de 1996; Peyton contrasta el colorido de las flores en matices carmesíes, las hojas en tonos verdes y la madera café con sus sombras y tonalidades, con el blanco y negro de imagen borrosa de Patti Smith, que nos transporta a su época, su música y su estética. Años después, en el 2011, Peyton dibujó “Patti” (2011, lápiz de color y pastel sobre papel negro, 29.8 x 21 cm), el rostro de perfil de la rockera, esbozado con los trazos enérgicos de un lápiz de color blanco sobre papel negro; Elizabeth Peyton declaró en una entrevista, publicada el 7 de octubre del 2011, para Phaidon Muse Music playlist, que en su lista de 10 canciones para su banda sonora de fin de semana se encontraba “Frederick”, la rola del álbum Wave (1979) -una canción, por cierto, muy parecida a “Because the Night”, el éxito de 1978, coescrita con Bruce Springsteen-, dedicada al guitarrista Fred “Sonic” Smith, quien fuera marido de Patti: “Para mí esta canción es el amor, tan poderosa; algunas veces escucho en mi estudio canciones en repetición para permanecer en una emoción en particular, ésta es una de ellas”[1]. La música y los músicos son fuente de inspiración para la artista, pues le proporcionan temas para sus cuadros, y le ayudan en su proceso creativo: “Escucho música todo el tiempo; es una gran inspiración para mí; hay una emoción en ella que es inmediata y trascendentalmente humana, pero, al mismo tiempo, no siempre literal; sobre todo escucho música en el estudio, a veces la misma canción o CD, durante días y días”[2].

“Flowers and Diaghilev” (2008, óleo sobre lino sobre tabla, 33 x 22.9 cm, Colección privada), muestra la portada de la primera edición americana de Diaghilev and the Ballets Russes, un libro acerca del genial empresario y director artístico, escrito por quien fuera su secretario, libretista, colaborador principal y amante, Boris Kochno; la imagen del libro está enmarcada por un bouquet de flores rojas, en un vaso transparente, que cubren un parte del título del libro, sólo se alcanzan a leer las letras, en mayúsculas de color violeta, EV; Sergéi Diághilev, el autodenominado “Patrón de artistas”, fundó la compañía Ballets Rusos, en la cual contó con los mejores bailarines de las primeras décadas del siglo XX: Anna Pávlova, Vátslav Nizhinski, Adolph Bolm, Tamara Karsavina e Ida Rubinstein, por mencionar algunos, así como coreógrafos excepcionales de la talla de George Balanchine; los exóticos decorados de los Ballets Rusos influyeron en los pintores fauvistas e inspiraron a los ilustradores del estilo Art Decó; cuando Ravel utilizó el tiempo 5 x 4, al final de su ballet Dafne, los bailarines cantaban, durante los ensayos, “Ser-ge-Diá-ghi-lev” para lograr el ritmo correcto; y, precisamente, el ritmo es la cualidad que más destacada en “Flowers and Diaghilev”, pues equilibra la naturaleza muerta con los elementos del retrato; la ilustración de la portada de programa oficial de Les Ballets Russes, editado por la “Comœdia illustré”, de la novena temporada, mayo y junio de 1914, una acuarela pintada por Valentine Gross (artista francesa mejor conocida como Valentine Hugo), basada a su vez en una fotografía en la que aparecen Michel Fokine y Vera Fokina, en los papeles de l’esclave doré y Zobéïde, respectivamente, del ballet Schéhérazade (coreografía de Michel Fokine, vestuario del artista judío León Bakst, basado en la suite sinfónica Scheherazada, de Nikolái Rimski-Kórsakov, originalmente para los bailarines Vátslav Nizhinski e Ida Rubinstein, en 1910), para los Ballets Rusos, en París, ha sido transformada por Peyton: el esclavo negro se ha convertido en un hombre de piel azul, una especie de Shivá, como Natarash, Rey hindú de la danza; mientras que Zobéide, de piel blanca, arquea su cuerpo, en una contorsión  de carácter sexual, como una Satí seduciendo a su esposo para sacarlo de su aislamiento místico; ambos bailarines son presentados en la flor de la juventud, cuando su vida llena de expectativas. Mijaíl Mijáilovich Fokin (1880-1942), mejor conocido en Francia como Michel Fokine, fue una notable coreógrafo y bailarín de ballet ruso, que conoció a Serguéi Diáguilev, quien lo  invitó, en el año 1909, para ser coreógrafo de sus Ballets Rusos, en París; pero Fokine rompió su colaboración en 1912, debido a los celos que sentía por la cercana relación de Diáguilev con el célebre bailarín Vátslav Nizhinski. Mientras que Vera Fokina (1886-1958), casada con Michel Fokine, fue una bailarina rusa que destacó en la compañía Ballet Rusos, haciendo pareja con su marido en escenarios de Francia, Suecia y los Estados Unidos, en ballets como Carnaval, de Schumann, El pájaro de fuego, de Stravinski, y Schéhérazade, de Rimski-Kórsakov. Elizabeth Peyton no pinta el rostro de Diáguilev en el cuadro, pero lo retrata, al captar su esencia, es decir, su aportación a la danza, a través de los grandes bailarines que apoyó y los espectáculos innovadores que produjo.

“Cat (Cat Still Life)” (2009) no es el primer retrato que se pinta de un felino parcialmente disimulado en una naturaleza muerta; ya son bastante conocidas las obras del francés Alexandre-François Desportes, como “Gato atacando piezas de caza” (ca 1700), en el que la naturaleza muerta adquiere vida gracias al zarpazo del gato a las alas del ave, y “Perro defendiendo la caza”, en el que un perro pelea con una agresiva gata dispuesta a llevarse las presas de la alacena -sobre el tema de perros y gatos, Peyton se inclinó por una imagen apacible de un perro recostado al lado de un minino, en el cuadro “Harry and Tittie” (2003, óleo sobre tabla, 22.9 x 17.8 cm, The Stephanie and Meter Brandt Foundation, Greenwich, Connecticut)-; pero el cuadro de Peyton tiene varios planos visuales: un fondo de follaje oscuro y flores amarillas; en un segundo plano, a la derecha, un recipiente de vidrio, con un racimo de flores rojas, sobre un retrato, a penas esbozado de un hombre, cuyo rostro vemos del lado derecho, y, debajo de éste, sobre fondo rojo, un segundo retrato en formato más pequeño; del lado izquierdo, en primer plano, vemos la pintura, o tal vez fotografía, de un gato moteado, que nos observa agazapado, para no llamar la atención, con las pupilas dilatadas, para aprovechar la escaza luz, y las orejas tendidas hacia atrás, para reaccionar ante el más leve sonido, y abalanzarse, en el momento más oportuno, sobre su presa, nosotros. En realidad, el foco de atención de la obra es el retrato del gato, ejecutado muy al estilo de las pinturas del artista suizo Théophile-Alexandre Steinlen, el gran pintor de felinos, pues capta con diestros trazos la actitud dominante del gato, como si fuera a obtener cualquier cosa tan sólo por el poder irresistible de su verde mirada.

“Houdini” (2009) es un homenaje al escapista e ilusionista húngaro, de origen judío; en el retrato-naturaleza muerta hay un ramo de flores rojas, blancas, amarillas y violetas, en un vaso colocado sobre una caja, color rojo, con letreros blancos, de la colección de tres DVDs “HOUDINI. THE MOVIE STAR”, editada por la compañía KINO, que contiene filmes protagonizados por Harry Houdini (su verdadero nombre era Erik Weisz); en el cuadro de Peyton, se alcanzan a leer, entrecortados, los letreros OUDINI, en la parte izquierda, y STAR, en la parte derecha; mientras que el florero se encuentra situado justo sobre rostro de Houdini; la pintura, con su fondo añil y azul grisáceo, resulta atractiva por su equilibrado manejo de los colores; pero, si observamos bien, hay un detalle que llama la atención: un par de tallos, en el fondo del vaso, simulan dos piernas, como si Houdini preparara su último escape, para salir entre flores y aplausos.

“Yoko Still Life (after Don Brown)” (2009) muestra una de las esculturas, del artista inglés Don Brown (1962, Norfolk, Inglaterra), quien realizó una serie de obras tituladas “Yoko”, en honor de su esposa, realizadas con la técnica clásica, pero cuya escala y color (negro o blanco) les dan un aire más contemporáneo; Peyton, a su vez,  rinde homenaje al creador, trasladando la pieza del ámbito tridimensional de la escultura al bidimensional de la pintura, en la cual destaca el contraste de la sensual figura de una mujer desnuda, pintada de negro, y el colorido del resto del cuadro.

Roy Lichtenstein, uno de los Padres Fundadores del Pop Art, decía, acerca de su obra, “todo mi arte es, en cierto modo, sobre otro arte, incluso cuando ese arte son cómics”[3]. “Flowers. Lichtenstein, Parsifal” (2011, óleo sobre tabla, 30.5 x 22.9 cm, Gavin Brown’s Enterprise), de Elizabeth Peyton, es arte sobre otro arte, un cuadro homenaje al artista neoyorquino y a Parsifal, los cuales representan algunos de los principales temas de la artista, los creadores del Arte Pop y los personajes homosexuales del Romanticismo decimonónico; Peyton pintó un hermoso florero con el escudo de armas de la Monarca Británica (Escudo cuartelado, en el primero y el cuarto, de gules, tres leones leopardados de oro, armados y linguados de azur; en el segundo, de oro, un león rampante de gules, linguado, y armado de azur, encerrado en un trechor de gules; en el tercero, de azur, un arpa de oro cordada de plata; todo rodeado por la Jarretera; y con los soportes terrazados de sinople, en la diestra, un león rampante y guardante, de oro, coronado de la Corona de San Eduardo, en la siniestra un unicornio rampante de plata, linguado de gules y armado y crinado de oro, colletado y encadenado del mismo metal), con la inscripción Elizabeth, en referencia a la Reina Isabel II de Inglaterra; las flores blancas, sus tallos verdes y los botones azul marino cubren un poco y compensan la falta de colorido de un par de imágenes: en la parte inferior, del lado derecho, se observa una imagen, en blanco y negro, de una escena, del segundo acto, de la ópera Parsifal, de Richard Wagner, en la que Parsifal, el joven casto y necio, yace a los pies de Kundry, la mujer de espléndida belleza al servicio del malvado Klingsor, que abraza, afectuosa, por el cuello, al muchacho vencido por el dolor de la muerte de su madre, antes de dar el “¡el primer beso de amor!”[4]; mientras que en la parte superior, también del lado derecho, se aprecia un detalle, en blanco y negro, del dibujo de Roy Lichtenstein (1963, grafito y touche sobre papel, 76.2 x 57.2 cm), un estudio preparatorio para la pintura “I Know How You Must Feel, Brad…” (1963, óleo y magna sobre lienzo, 168.9 x 95.9 cm, Ludwig Forum für Internationale Kunst, Aquisgrán), del mismo Lichtenstein, en el que Peyton sólo tomó un Extreme Close Up del rostro de la muchacha de la pintura, dibujados con los característicos puntos bendéi del artista, y algunos trazos precisos para los contornos de la nariz y los angustiado y expresivos ojos; de esta manera, Peyton hermana el “arte culto”, representado por la imagen de la ópera de Wagner, con el “arte popular”, ilustrado con la imagen de la obra de Lichtenstein, pues ambas manifestaciones artísticas ennoblecen más que el escudo de armas de la Reina de Inglaterra. Elizabeth Peyton pintó otra versión más colorida de “Flowers. Lichtenstein, Parsifal” (2011), con los mismos elementos: el dibujo de de Roy Lichtenstein, la imagen de la ópera Parsifal y el florero, esta vez con unas flores en tonos lilas, rosáceos y violetas, sin el escudo de armas, pero ahora integrados en una nueva composición en la que se aprecian más los dibujos.  Cabe destacar que, en febrero del 2011, Elizabeth Peyton exhibió su obra en la exposición “Wagner”, en la galería y otros espacios del Metropolitan Opera House, de Nueva York, compuesta por pinturas alusivas a los personajes de las óperas de Wagner. Otro ejemplo de cuadro wagneriano, es la pintura “Ludwig and Malvina Carolsfeld Von Schnoorman; Tristan and Isolde” (2011, óleo sobre tabla, 30.5 x 22.9cm), basada en una fotografía, blanco y negro, en la que posan sobre un diván el tenor alemán Ludwig Schnorr von Carolsfeld y su esposa, la soprano danesa Malvina Garrigues, vestidos como los personajes de la ópera Tristán e Isolda, de Richard Wagner (Wagner la llamaba “drama musical”); Peyton toma de la fotografía un Medium Shot de Isolda colgada de los hombros del barbón Tristán, del mismo modo que la imagen lleva a cuestas una historia interesante: Ludwig II de Baviera, uno los personajes favoritos de Peyton, patrocinó la nueva obra Tristan und Isolde; Wagner le pidió a Ludwig Schnorr von Carolsfeld que cantara la parte de Tristán, pues el tenor programado falló más de setenta veces durante los ensayos, y a Malvina que interpretara a Isolde, para el estreno que tuvo lugar en Múnich el 10 de junio de 1865; seis semanas después, luego de sólo cuatro representaciones, el tenor, Ludwig Schnorr, murió en Dresden, a los 29 años, debido, cuenta la leyenda romántica, al esfuerzo realizado en cantar en el personaje de Tristán, o a complicaciones por fiebre reumática y meningitis, según deducen los doctores; mientras que Malvina, sobrevivió a su marido 38 años, se hundió en una profunda depresión sobre la muerte de su marido, y nunca más cantó.

En “Flowers and Books Camille Claudel, (Two) 2010” (2010, monotipo sobre papel hecho a mano, 61 x 45.7 cm, neugerriemschneider, Berlín), la intención de Peyton, al pintar, en una naturaleza muerta, el retrato de la escultora francesa Camille Claudel (1864-1943), es demostrar su admiración por quien transmitió una idea y un sentimiento, a través de su vida y su obra; en el cuadro, vemos el rostro desafiante de la artista, basado en una fotografía de Camille Claudel (tomada aproximadamente en el año de 1884), entre flores en colores fuertes (rojas, verdes y naranjas) y un libro con su nombre. En este retrato lo que destaca es el rostro de la escultura, como su hermano, el poeta Paul Claudel, los describió, estaba formado por una “frente soberbia que vuela sobre unos ojos magníficos, de ese azul oscuro tan difícil de encontrar en otro sitio que no sean las novelas. Una boca grande aún más altanera que sensual. Pujante mata de pelo castaño que le caía hasta el talle. Un aire impresionante de valentía, de franqueza, de superioridad, de júbilo. Poseía una belleza extraordinaria, una energía, una imaginación y una voluntad excepcionales…” Previamente Peyton había pintado el cuadro “Flowers and Books Camille Claudel, #1” (2010, monotipo sobre papel hecho a mano, 61 x 45.7 cm, Gavin’s Brown Enterprise, Nueva York), en el que las flores aparecen en tonos más suaves  y deslavados, y no vemos el nombre de Camille Claudel escrito. En otra versión de “Camille Claudel Flowers and Books” (Febrero del 2011), Peyton prescinde de la imagen de la escultora y pinta, en su lugar, una escultura escupida por Claudel, flanqueada de flores y sobre un pedestal de libros, llamada “Sakountala”, inspirada en una leyenda hindú sobre el trágico amor entre Sakountala y el rey Duchmanta Rey, quien, caído de rodillas, pide perdón a su amada por no haber reconocido a su hijo (al parecer era una alusión a la tormentosa relación que Camille Claudel mantenía con el escultor casado August Rodin, quien le escribió, a fines de 1884, Mi muy querida, caído sobre ambas rodillas ante tu precioso cuerpo que abrazo”). La escultura en arcilla tuvo otras dos versiones: una en mármol, titulada “Vertumno y Pomona”, en referencia al romance entre la diosa Pomona y el dios Vertumno; y otra en bronce, conocida como “El abandono”, en alusión al rompimiento con escultor Rodin. Elizabeth Peyton pone de manifiesto la permanencia del arte, gracias a la imagen y la literatura que florecen en nuestra memoria, pues de la escultora Camille no quedó ni la tumba, ya que el cementerio del manicomio de Montdevergues, donde se enterraba a los pacientes olvidados por sus familiares, entre ellos Claudel, desapareció luego de la ampliación de la instalaciones del instituto.

Con “Acteón, Justin Bieber, and Grey Roses” (2011, óleo sobre panel de nido de abeja de fibra de vidrio, 45.7 x 36.8 cm), pasamos del retrato de la escultora de obras maestras, como “L’Âge Mûr”, a la naturaleza muerta con alusiones mitológicas y la imagen del rostro del ídolo adolescente de moda; en esta pintura, la artista dibujó una escultura de Acteón y un vaso con flores grises sobre una fotografía del cantante canadiense Justin Bieber, quien nos observa de forma inquietante con un ojo. Según los textos clásicos de Ovidio, Pausanias, Calímaco, Eurípides y Esquilo, Acteón fue un experto cazador, entrenado por el sabio centauro Quirón, que espió a Artemisa bañándose desnuda, acompañada de su séquito de ninfas; al percatarse de la mirada del intruso, la enfurecida diosa de la caza arrojó agua sobre el rostro de Acteón y lo transformó en ciervo; cuenta la leyenda que Acteón huyó veloz, y, al percatarse de su repentina agilidad, descubrió su nuevo aspecto en el agua de una fuente; el cazador fue devorado por sus propios perros de caza, que sólo veían en él una presa; tras devorarlo, la jauría se internó en el bosque, sollozando, en busca de su amo. Creo que en  “Acteón, Justin Bieber, and Grey Roses”, más que el Complejo de Acteón sartreano, de la mirada curiosa y lasciva que desencadena el instinto de búsqueda del investigador y lo lleva al conocimiento, Peyton alude a la condición de la fama que llega a una edad temprana; ignoro si Peyton siente alguna admiración por Justin Bieber, o si piensa que es adorable, o simplemente “inspirador”; pero el chico que canta y toca cuatro instrumentos musicales, que ganó obtuvo el Premio Artista del Año de los American Music Awards, en el 2010, y los “galardones” “Shockwaves” de “Peor Artista Musical” y “Peor Álbum” (My World), del 2011, que otorga la revista New Musical Express, nos observa desde el retrato pintado por Peyton, y esa mirada no queda impune, el cantante adolescente se transforma en una víctima de su éxito, un ciervo que es perseguido por sus fans histéricas, quienes terminarán destrozándolo, para después salir aullado en busca de un nuevo ídolo a quien arruinarle la vida.

 (Escrito por Armando Gerardo Santos Uruñuela)


[1] “For me this song is love, it’s so powerful. Sometimes I listen to songs on repeat in the studio to stay in a particular emotion. This is one of them”. Elizabeth Peyton’s Muse Music. 7 de octubre de 2011. http://www.phaidon.com/agenda/art/articles/2011/october/03/elizabeth-peytons-muse-music/

[2] Idem. “I listen to music all of the time. It is a huge inspiration to me. There is emotion in it that is immediate and transcendently human but at the same time not always literal. Mostly I listen to music in the studio – sometimes the same song or CD for days and days”.

[3] Lichtenstein, de Janis Hendrickson. Editorial Taschen. 2006, forro del libro.

[4] Casi podemos escuchar los versos de Kundry: “Die Lieb und  Leben/einst dir gegeben, /der Tod und Torheit weichen muß, /sie beut dir heut, /als Muttersegens letzten Gruß, /der Liebe – ersten Kuß” (“Quien un día/la vida te concedió/y vencer pudo locura y muerte/hoy te trae de aquella madre/el último don: ¡el primer beso de amor!”).

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