ELIZABETH PEYTON: COLIN DE LAND

“Colin de Land”, de Elizabeth Peyton.

“Colin de Land” (1994, óleo sobre lienzo, 152.4 x 101.6 cm, Colección privada), de Elizabeth Peyton.

En algunas obras, Elizabeth Peyton toma de la fotografía la imagen de la persona que encarna los símbolos de la fama y el poder, y la despoja de tales elementos, a fin de transformarla en una persona común y corriente, que, no obstante, posee cierto atractivo andrógino. El parecido físico de los modelos de los retratos de la artista se debe a su pesada carga genética; todos provienen de la misma madre: “Democrats are more beautiful (after Jonathan Horowitz)” (2001, óleo sobre tabla, 25.4 x 20.3 cm, colección Laura y Stafford Broumand), de Elizabeth Peyton, proviene de un cartel publicitario de la exposición “The Jonathan Horowitz Show”, del 31 marzo al 29 de abril del 2000, en la Greene Naftali Gallery, en Nueva York, que señala con grandes letras rojas “Vote Gore” (en la época en que Al Gore competía en las elecciones primarias para la candidatura presidencial del Partido Demócrata; finalmente ganaría dicha candidatura y el voto popular, por más de 500 000 votos, pero perdería la elección en el Colegio Electoral, luego de la controversia del recuento de votos en Florida y la decisión de la Suprema Corte de Justicia a favor del tristemente célebre George W. Bush); la artista tomó únicamente la fotografía de Al Gore, cuando el político era joven , e ignoró el resto del póster. Peyton afirma que no selecciona a sus modelos, sino que estos llegan merced a su interés en la persona; y a una identificación con la retratista, quien los ve como una gran esperanza para el mundo[1]. Jonathan Horowitz (el artista minimalista y amigo de Peyton que, en ocasiones, trata temas políticos y sociales en su obra) y los miembros del Partido Demócrata pueden ser más guapos que el promedio de los mortales, pero el Al Gore que vemos en el retrato dista mucho de la imagen del ex Vicepresidente de los Estados Unidos, ganador del Premio Nobel de la Paz y Ayatola del Cambio Climático Mundial, que conocemos. La luminosidad que refleja Al Gore en el cuadro no proviene de su carisma, ni de la brillantez de sus ideas, sino del óleo diluido que emplea la pintora. Si bien es probable que la artista comparta con el político los mismos valores morales e ideológicos, la identificación con Al Gore es física: el rostro pálido, las facciones finamente modeladas y los labios color rubí, tan femeninos…

La belleza no es un elemento inherente al arte, pero sí es un ingrediente esencial para el desarrollo de la vida humana. Las pinturas de Elizabeth Peyton captan la esencia de los hombres y las mujeres retratados en los pequeños detalles: unas flores, unos lentes, un gesto, una mirada… La pintora no se avergüenza de mostrar imágenes bellas. Tampoco plantea nuevos conceptos estéticos, ni intenta realizar una labor social. Asume, sin pudor, la incapacidad del arte para transformar las grandes crisis sociales del mundo; por lo que se limita a reinterpretar el instante, la esencia de una época. Los cuadros de Peyton siempre son acerca de las personas que han sido un factor de cambio en su entorno, ya sea que éste tenga una trascendencia mundial, o sólo se limite a un ámbito más íntimo. Una clara muestro de ello es el retrato “Colin de Land” (1994, óleo sobre lienzo, 152.4 x 101.6 cm, Colección privada; la obra alcanzó el precio de 856 mil dólares, en una subasta en Christie’s), un cuadro grande -en comparación con los formatos pequeños que caracterizan a la artista-, en el que el legendario galerista de la ciudad de Nueva York, quien lleva puestos un traje gris y una gorra de esquiador de lana del mismo tono, está sentado en un sillón amarillo y naranja; la mano derecha de Colin, con una anillo que lleva empotrada una gema del color del sillón, descansa en su regazo, mientras que la mano izquierda hojea un libro y los pensamientos del galerista vuelan hacia otro lugar. El retrato “Colin de Land” está pintado con la misma pasión que la artista imprime en los cuadros de las celebridades mundialmente conocidas. La cabeza baja, la piel pálida, los labios color escarlata, las cejas finas, las pestañas largas y los ojos casi cerrados, dan la impresión de un hombre melancólico y vulnerable, pero, a la vez, atractivo. Las pinceladas rápidas de  la ropa y el mobiliario, y la minuciosidad en el dibujo de los rasgos finos de la cara, reflejan y magnifican la fragilidad y el atractivo de Colin de Land.

Cuando, en una entrevista, se le pidió su definición de un retrato, Peyton respondió “invariablemente es acerca de las personas, creándolas ahí, haciendo que se vean lo mejor posible, y conservándolas para siempre”[2]. Según Plinio el Viejo, en el libro 35 de su Historia Natural, escrito en el siglo I d. C., el primer retrato fue fruto del amor; la hija del alfarero Butades de Sikyon amaba a un joven que debía partir a tierras lejanas, así que una noche, a la luz de una vela, dibujó la sombra del amado trazando una arcilla en un muro, luego rellenó los contornos presionando arcilla sobre la superficie, hasta obtener la imagen fiel de su novio. El retrato, para Peyton, es un acto de amor, una imagen que permanecerá tatuada en la memoria. Colin de Land (1955-2003), un artista conceptual que se hizo galerista por accidente (se ofreció a vender una pintura de Andy Warhol, la cual pertenecía a un vecino que necesitaba dinero para comprar drogas), fue un ícono para los artistas de Nueva York, en las décadas de los ochenta y los noventa; la galería “American Fine Arts” (conocida por sus siglas AFA, en realidad su nombre era una ironía, pues comenzó en un local que parecía un garaje) se caracterizó por realizar exposiciones poco ortodoxas en la instalación, críticas con las instituciones oficiales (permitió que el artista Gareth James, cerrara la galería durante un mes, el tiempo que duraría su exposición, en protesta por la comercialización del arte) y defensoras de los nuevos artistas (promovió el trabajo de artista debutantes, como Mariko Mori y Candy Noland); además, exhibió la obra del artistas ficticio, como John Dogg, quien se sospechaba era una colaboración entre Colin de Land y el artista Richard Prince; y organizó, por increíble que parezca, exitosas ventas a beneficio de la propia galería, en una de estas exposiciones, a mediados de los años 90, más de 200 artista donaron sus obras. Colin de Land fundó, en el año de 1994, la feria de arte contemporáneo The Armory Show, de Nueva York, junto a los galeristas Matthew Marks, Paul Morris y Pat Hearn. Colin de Land y su esposa, la también comerciante de arte, Pat Hearn, crearon  un fideicomiso para cubrir los gastos médicos de los artistas visuales con cáncer[3], enfermedad que llevaría a la tumba tanto a Pat, en el año 2000, como a Colin, en el 2003. En realidad, la AFA, más que una galería, parecía una casa club para artistas o un laboratorio para la difusión del arte, de hecho mostró el trabajo artístico de “Art Club 2000”, un colectivo formada por estudiantes de la Escuela de Artes Visuales de Nueva York (institución de donde Elizabeth Peyton se graduó), que incluía a Daniel McDonald, quien se convirtió en le director de la galería en el año 1993.

Cuatro años después, Peyton reafirmaría su devoción hacia este hombre, a quien el crítico de arte Jerry Saltz llamó “el Keith Richards del mundo del arte”[4]-, en los retratos “Silver Colin” (1998, óleo sobre tabla, 26 x 21 cm, Colección privada), en el cual Colin es captado, a través de pinceladas sueltas, sentado en un sillón, en actitud melancólica, observado algo que está fuera del cuadro; y “Silver Colin” (1998, óleo sobre lienzo, 35.5 x 28 cm, Colección Ernst Ploil, © Elizabeth Peyton 2012), que muestra un Medium Close Up de Colin de Land, sosteniendo un cigarro, con las misma camisa azul marino, los mismos labios color carmesí y la misma expresión taciturna del retrato anterior, tal vez Colin presentía la muerte de su esposa, Pat, a quien el cineasta John Waters llamara la “Jackie Kennedy del mundo del arte”[5].

(Escrito por Armando Gerardo Santos Uruñuela)


[1] New Museum Paper, Vol. 5, Fall/Winter 2008, p. 4. “Well, there’s no choosing. It’s just who I’m very interested in, and identify with, and see as very hopeful in the world”.

[2] L. Pilgram. “An Interview with a Painter”. Parkett 53, Zurich, pág. 59, 1998.

[3] The Pat Hearn and Colin de Land Cancer Foundation, Inc.

[4] “Jerry Saltz called him the Keith Richards of the art world”. Yablonsky, Linda. Artículo “Oh, Pat. Oh, Colin. How We Knew Them”.

[5] “John Water called her the Jackie Kennedy of the art world”. Yablonsky, Linda. Artículo “Oh, Pat. Oh, Colin. How We Knew Them”.

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