ELIZABETH PEYTON: ELIZABETH, KAREN Y CHLOË

“Chloe (Gold)”, de Elizabeth Peyton.

“Chloe (Gold)” (2001, lápices de colores sobre papel, 21.8 x 15.2 cm, MOMA, promesa parcial de donación de Martin y Rebeca Eisenberg, © 2012 Elizabeth Peyton), de Elizabeth Peyton.

En los cuadros de Elizabeth Peyton Peyton no hay un asomo de crítica social contra culto a las celebridades. La artista, lejos de mostrar un gesto de ironía, plasma su admiración hacía el personaje representado en la pintura. En esto se diferencia de los artistas contemporáneos que retratan celebridades con el propósito de atacar el sistema que las fabrica. Un caso representativo: el retrato de Chloë Sevigny, pintado por Karen Kilimnik; comparado con la serie de dibujos inspirados en la imagen de la actriz, realizados por Elizabeth Peyton. Chloë Sevigny (Nació en Springfield, Massachusetts, el 18 de noviembre de 1974, y se crió en el pueblo de Darien, en el Condado de Fairfield, en el estado de Connecticut, EE.UU; Elizabeth Peyton nació el 11 de octubre de 1965, en la ciudad de Danbury, también ubicada en el Condado de Fairfield, Connecticut) es una actriz estadounidense de cine,  generalmente independiente, que no teme realizar un papel exigente, por arriesgado que sea (en la película The Brown Bunny, del año 2003, realizó una felación filmada en directo). En una entrevista publicada por Genre Magazine, la actriz confesó: “He tenido inclinaciones lésbicas toda mi vida, creo que la mayoría de las jóvenes las tienen; en la escuela secundaria, era el objeto de las burlas de los otros chicos, que me llamaban lesbiana. Nunca he tenido realmente relaciones completas, sólo besitos aquí y allá”[1]. Antes de iniciar su carrera cinematográfica, Sevigny trabajó como modelo; en el año 1994, el escritor Jay McInerney la vio en la ciudad de Nueva York y escribió en la revista The New Yorker un artículo, de siete páginas, dedicado a ella, en el cual la llamaba la nueva “It-girl”[2](término acuñado por la  escritora Elinor Glyn, tomado del título de su novela It, publicada en el año 1926, de manera serial, en la revista Cosmopolitan; posteriormente, fue adaptada al cine silente, en el año 1927, con las actuación estelar de Clara Bow, quien interpretó el papel de una chica que poseía el “It”, es decir, según la definición de Glyn, “la cualidad que poseen algunas personas de marcar a todas las demás con su fuerza magnética; con el ‘It’ puedes conquistar a todos los hombres, si eres mujer, o a todas las mujeres, si eres hombre; el ‘It’ puede ser una cualidad de la mente, así como una atracción física”). Sevigny hizo su debut cinematográfico en Kids (1995), un filme independiente y de bajo presupuesto, dirigido por Larry Clark y escrito por Harmony  Korine, que causó controversia por su tratamiento de las relaciones sexuales entre adolescentes; luego, en el año 1996, actuaría en la película Trees Lounge, escrita y dirigida por Steve Buscemi. Karen Kilimnik (Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos, 1955), una artista especializada en el género de “retratos icónicos, no comisionados por su modelo, pero basados en fotografías, recortes de revistas y clips de películas”[3], no pudo elegir una mejor modelo para desarrollar su estilo pictórico-narrativo, que la actriz Chloë Sevigny. Kilimnik pintó el retrato “Chloe (from Blood on Satan’s Claw)” (1996, óleo sobre lienzo, 60.95 x 45.72 cm, The Seavest Collection of Contemporary Realism), dentro del marco de la película de terror Blood on Satan’s Claw (1971), dirigida por Piers Haggard. El filme nos presenta la lucha del magistrado de una pequeña comarca inglesa, del siglo XVII, en contra de una macabra agrupación de jóvenes; liderada por la rubia Angela Blacke ―interpretada magistralmente por Linda Hayden―, una adolescente de perturbadora belleza, quien tras sufrir el ataque de una extraña bestia, se transforma en una especie de ninfa demoniaca, que sonríe de manera inquietante y lasciva, al tiempo que su mano se convierte, por breves instantes, en una horrible garra. En la pintura, observamos un medium close-up de Chloë, en su papel de ninfa demoníaca, sacando la lengua de manera lasciva; el apéndice parece tener vida propia, es como un pequeño gusano que se dispone a recorrer, de derecha a izquierda, los labios de la actriz. En el centro de la boca sobresalen un par de níveos dientes, lo cual le da un aspecto infantil a la modelo. Kilimnik maneja un doble discurso; combina lo moderno con lo arcaico, la inocencia con la malicia, la ciudad con el campo, la realidad con la ficción. El camisón de encaje (seguramente de diseñador) azul oscuro, los ojos celestes y los parpados pintados con una fina raya negra, contrastan con las cejas gruesas y la cabellera rubia, sacudida por el viento, coronada por una rama que atraviesa la parte superior del cuadro. “Chloe (from Blood on Satan’s Claw)” nos sitúa en un paisaje bucólico amenazado por una presencia maléfica, que surge de la profundidad del bosque ―bien lograda a través unos enérgicos brochazos de pintura verde oscura―, al acecho de lo observadores de la obra. El óleo recrea una atmósfera de horror decadente, semejante a la de los relatos del escritor galés Arthur Manchen, con sus ninfas perversas y ceremonias paganas, como en El gran Dios Pan, o en El pueblo blanco. Karen Kilimnik, a través de un discurso visual ambiguo, nos presenta a la malvada Chloë, una actriz de Hollywood que interpreta a un personaje, con aspecto de chica traviesa, que es capaz de cometer crímenes sanguinarios. “Chloe (from Blood on Satan’s Claw)” nos sugiere que detrás de las celebridades de Hollywood hay un espíritu perverso e, irónicamente, divertido.

Elizabeth Peyton toma un camino diametralmente opuesto al de Kilimnik; sus retratos, a lápiz de color, de la actriz Chloë Sevigny, rechazan la idea, tomada del romanticismo, de la belleza malvada. En “Chloe (Gold)” (2001, lápices de colores sobre papel, 21.8 x 15.2 cm, MOMA, promesa parcial de donación de Martin y Rebeca Eisenberg, © 2012 Elizabeth Peyton), la artista está más interesada en la combinación de los colores ―el rojo y el amarillo, que recorren la cabellera como una ola; el azul celeste de los ojos; y el carmín de los labios― y en la economía de trazos ―una ondulante línea anaranjada nos indica que un vestido cubre el cuerpo de la actriz―, que en mostrar el lado oscuro de las celebridades. En el dibujo, realizado por Elizabeth Peyton, la modelo, de finos rasgos, podría ser cualquier hija de vecina. La obra se titula “Chloe (Gold)”; pero, parafraseando a la Julieta de Shakespeare, cabe preguntarnos: “¿Qué hay en un nombre?”[4] Lo que llamamos “Chloë”, sería tan agradable a la vista con cualquier otro nombre: los retratos “Sid and his Mum” y “Gladys and Elvis”, aunque no se llamasen así, conservarían su perfecto atractivo sin ese título. Peyton no está interesada en la fama de su modelo, sino en sus cualidades estéticas; por tanto, en su dibujo no hay espacio para la ironía o la burla. La artista no cuestiona el sistema que produce a las celebridades; simplemente lo concibe como un hecho, algo inherente a la naturaleza humana. Peyton toma la imagen de la artista famosa como una fruta caída; pero no dibuja una naturaleza muerta de nuestro mundo mediatizado, sino que transforma ese objeto en algo vivo, cercano y familiar. Esto se hace más evidente en los dibujos “Chloe” (2000, lápices de colores sobre papel, 21.8 x 15.2 cm, MOMA, promesa parcial de donación de Martin y Rebeca Eisenberg, © 2012 Elizabeth Peyton), basado en una fotografía (de J. Vespa/WireImage) tomada a la actriz, el 12 de marzo del 2000, en la alfombra roja de la ceremonia de entrega de los 6º Premios del Sindicato de Actores de la Pantalla (The 6th Annual Screen Actors Guild Awards); y “Chloe” (2001, lápices de colores sobre papel, 21.8 x 15.2 cm, MOMA, promesa parcial de donación de Martin y Rebeca Eisenberg, © 2012 Elizabeth Peyton), basado en una fotografía (de David McNew/Getty Images) tomada a la actriz, el 13 de marzo del 2000, durante su llegada al desayuno en honor de los nominados al “Oscar” (Chloë Sevigny estaba nominada a Mejor Actriz de Reparto, por la película Boys Don´t Cry). En “Chloe”, del año 2000, el colorido grupo de paparazzi, que se destacaba al fondo de la imagen fotográfica, ha desaparecido; Peyton lo sustituyó por unas siluetas humanas, a penas reconocibles, dibujadas con un lápiz negro sobre el fondo blanco del papel; la única figura identificable es el rostro de un hombre maduro, que surge, a la izquierda, del cuello de Chloe; de manera que la actriz se transforma en una especie de dios Jano, con un perfil izquierdo masculino, envejecido, en blanco y negro, y un perfil derecho femenino, joven, de vivos colores. El rostro de Chloe está dibujado conforme al característico estilo de Peyton: resplandeciente cabellera rubia, mirada melancólica, rasgos delicados, rubor en los pómulos y una fina boca color cereza. De la alfombra roja, sólo queda una línea carmesí; tal pareciera que todas las tonalidades de dicho color se hubiesen concentrado en el estampado del vestido: la prenda absorbió el rojo de la alfombra. Peyton tomó de la fuente fotográfica el único elemento que le interesaba: la figura de la actriz. Los símbolos del glamour y la fama, como los fotógrafos, los fanáticos, los reporteros y la alfombra roja, fueron eliminados o disminuidos. Algo similar ocurrió en el dibujo “Chloe”, del año 2001; pues en la fotografía que inspiró la obra de Peyton se aprecia —con una cortina roja de fondo— una enorme efigie del premio “Oscar”, a manera de guardián o genio protector de una Chloe que lleva puesta una blusa blanca y una corbata negra de seda; mientras que en el dibujo, la imagen de la gran estatua del premio “Oscar” aparece recortada, de modo que se vuelve irreconocible. Contrario a lo que se pudiera pensar, Peyton no se deja deslumbrar por el encanto de los personajes famosos; como lo señala, a propósito la elección de sus temas: “la celebridad, en sí misma, no es tan interesante para mí; pero es interesante lo que la gente hace…. Pienso en el arte y lo que significa para la sociedad, a través de las personas que pinto y la manera en que (ellas) forman parte de una época, quizás más que otra gente”[5].

(Escrito por Armando Gerardo Santos Uruñuela)


[1] Lawrence Ferber (2007). “Love to you, Chloe”. Genre Magazine. http://www.genremagazine.com/2006/10-1/magazine/content/chloe.cfm. “I’ve had lesbian tendencies my whole life, I think most girls do. In high school, I was teased by the other kids—they called me a lesbian. I never really had full relationships, just kissy-smoochies here and there”.

[2] “Chloe’s Scene”, The New Yorker, noviembre 7 de 1994, pp 182-192.

[3] Jonathan Jones, The Guardian, julio 1 del 2000. “A nice example of a relatively new genre of painting, which we might call the iconic portrait, not commissioned by its sitter but based on photographs, magazine cuttings, film clips”.

[4] The Tragedy of Romeo and Juliet, by William Shakespeare. Act II. Scene II. “What’s in a name? That which we call a rose/By any other name would smell as sweet./So Romeo would, were he not Romeo call’d,/Retain that dear perfection which he owes/Without that title.”

[5] Live forever catalogue. Laura Hoptman, Kraus Family Senior Curator. “Celebrity in itself is not that interesting to me, but it is interesting what people do…. I think about art and what it is in society through the people I paint and how [they] are a part of their time, maybe more than other people are.”

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