ELIZABETH PEYTON: HIJOS DE MAMI

“Gladys and Elvis”, de Elizabeth Peyton.

“Gladys and Elvis” (1997, óleo sobre lienzo, 43.2 x 35.6 cm), de Elizabeth Peyton. Retrato de Gladys Love Smith y su hijo, Elvis Aaron Presley.

En la obra de Elizabeth Peyton, los retratados, tanto las destacadas celebridades, como los personajes anónimos, aparecen como fantasmas, despojados de cualquier sensación de lejanía o pretensión de superioridad. Esto se aprecia claramente en sus retratos, basados en fotografías, de famosas parejas madre e hijo: “Sid and his Mum” (1995, óleo sobre tabla, 43 x 30.5 cm; colección privada), “Gladys and Elvis” (1997, óleo sobre lienzo, 43.2 x 35.6 cm), “Constance Wilde and son” (1996, lápiz sobre papel, 19.1 x 15.2 cm; colección de Neda Young) y “Jackie and John” (1999, óleo sobre tabla, 35.6 x 27.9 cm; colección Jeffrey R. Winter).

Para la realización de “Sid and his Mum”, Peyton se basó en una fotografía en blanco y negro del rockero Sid Vicious (su nombre verdadero era John Simon Ritchie, aunque de acuerdo a la autobiografía del líder de los “Sex Pistol”, John Lydon, era conocido como John Beverly o Simon Ritchie, “dependiendo del humor de su madre”), junto a su progenitora Anne Beverly (Daily Express/Hulton Archive/18 de octubre de 1978), después de comparecer en la Corte por el asesinato de Nancy Spungen. La artista no eligió la típica imagen del rebelde anarquista, con el pecho tasajeado con la frase: “Dame una solución” (“Gimme a fix”), o la del irreverente punk usando un hot dog como lápiz labial (la famosa fotografía tomada por Bob Gruen), ni la de la pareja de novios subversivos, Sid y Nancy (una groupie adicta a la heroína que tuvo una funesta muerte: En la mañana, del 12 de octubre de 1978, en el cuarto 100, del Hotel Chelsea, en Nueva York, Sid se despertó para encontrar a Nancy desangrada ―recibió una puñalada en el abdomen―, en el piso del lavabo), sino la de la mamá protectora y el hijo confundido. De cierta manera, la relación entre la madre y su vástago es más trágica que la del rockero y su infortunada pareja; Sid Vicius fue iniciado, desde pequeño, en el camino de las drogas por su madre, quien, el 2 de febrero de 1979, durante la fiesta para celebrar su liberación de la prisión de Rikers Island, le dio una sobredosis suficiente para matar a dos personas, pues ella pensó que eso acortaría su sufrimiento, y de hecho lo acortó, pero de manera definitiva. En el cuadro “Sid and his Mum”, el Sid que vemos en el retrato no es el tipo que se peleaba a puñetazos en los conciertos, sino el joven que, “muy en el fondo, era una persona tímida”[1], el chico que observa al espectador de manera desconfiada, como previendo un ataque. Mientras que Anne Beverly aparece sujetando el brazo de su hijo, el mismo brazo en el que le inyectaría heroína. El cuadro está compuesto a la manera de los iconos bizantinos;  traslada a la madera una especie de actitud espiritual, no los pormenores de los rostros o las características físicas de la madre y el hijo fotografiados. El cuadro captura la gracia carismática de estos santos de la cultura pop, a través de sus perfiles estáticos. Destaca el papel maternal que Anne representa, en relación con su hijo psicológicamente infante. Ella, más pequeña que él, tiene el control de la situación. Los colores de los vestidos son oscuros, como las vestimentas de los demonios y los condenados. La artista ha pintado los cuerpos y las vestimentas con unas enérgicas y espontáneas pinceladas. En cambio, los rostros son delicados y luminosos, pero esta luz no proviene de un sitio específico, sino que las figuras resplandecen de manera natural y sus sombras crean una especie de aura. El contraste entre el negro de los vestidos, en la parte inferior, y el fondo claro, en la superior, separa los afanes terrenales de las aspiraciones del espíritu. El trabajo de Peyton se centra en los rostros de Anne y Sid. La cabellera de la madre hace la función de un manto, y la sombra de su cabeza parece un halo dorado, como una luz divina; la cara de Anne se encuentran en una posición de tres cuartos, es decir, se dirige hacia el hijo, pero su mirada está orientada hacia quienes la observan. El rostro de Sid mira desconfiado hacia el frente; los ojos, enmarcados por unas cejas muy arqueadas, vigilan los movimientos del observador del cuadro, y parecen interrogarlo sin emitir palabra, penetrando hasta lo más profundo del alma. A diferencia del Sid plasmado en la fotografía, el rostro del Viciuos pintado por Peyton tiene los sentidos muy agudos; la nariz es fina y alargada; la oreja es pequeña; la boca está cerrada y sus labios son finos, casi una línea de color cereza, que atrae la mirada del espectador hacia el semblante del rockero.

En la pintura “Gladys and Elvis”, a diferencia de “Sid and his Mum”, la artista se aleja del blanco y negro de la fotografía, para imprimirle luz y color al cuadro. Las flores del papel tapiz a la derecha, y el florero en la esquina superior izquierda, envuelven a la pareja de madre e hijo. El cuadro se ubica en una época en la que ni la madre, Gladys Love Smith, ni el hijo, Elvis Aaron Presley, soñaban con la monarquía del rock. Peyton se basó en una fotografía tomada alrededor del año 1945. En esa época, Elvis vivía en Tupelo, Mississippi, era hijo único ―su hermano gemelo, Jesse Aaron Presley, nació muerto― y  procedía de una familia de campesinos pobres ―en el sur de los Estados Unidos se conoce a este tipo de personas como “basura blanca” (“white trash”)―; el padre, Vernon Presley, purgó dos años de trabajos forzados, en la prisión de Parchman Farm Mississippi, por falsificar un cheque, con el que le había pagado a su patrón por un cerdo ―durante seis meses, Gladys Presley, siempre al lado de Elvis, hizo autostop para visitar a Vernon en la cárcel―; posteriormente, el señor Presley se quejaría de una dolencia en la espalda, pero lo cierto, según Elvis, es que su progenitor “era incapaz de trabajar aunque le apuntaran con una pistola en la sien”; en cambio, la madre, una mujer laboriosa y apegada a la religión, fue el sostén de la familia. Gladys acompañó a su hijo al colegio, todos los días, hasta que cumplió quince años; en el cuadro de Peyton, la madre muestra una actitud sobreprotectora: su brazo surge del hombro de Elvis y se extiende hasta tocar su pecho y abrazarlo. El traje de color claro que lleva puesto Elvis era un gran lujo para un niño pobre de Tupelo; sin embargo, Gladis deseaba que su hijo vistiera como un rey, pese a que ella se tuviese que conformar con un desgastado vestido de color negro. Peyton muestra el vínculo de sangre de los modelos a través de ciertos detalles: el color azul del cuello de la camisa de Elvis y de la blusa de Gladys; la posición descansada del brazo derecho de la madre y del hijo; el rostro inclinado de la pareja; y los labios de color rubí. Los Presley vivieron en casas de alquiler destinadas a los blancos pobres de Tupelo; una de estas viviendas estaba enfrente del Shake Rag, un gueto habitado por gente de color, atestado de bares y garitos. Durante su infancia, Elvis escuchó música góspel, en los servicios religiosos dominicales matutinos, y ritmos negros, en la noches más animadas del Shake Rage. El 3 de octubre de 1954, Elvis participó en el concurso de jóvenes talentos de la Mississippi-Alabama Fair and Dairy Show, que tuvo lugar en Tupelo. Cantó “Old Shep” y obtuvo el quinto lugar, cinco dólares y la entrada gratuita a todas las atracciones de la feria. Un año después, Elvis pidió una bicicleta para su cumpleaños; pero temerosa por su seguridad, Gladys le convenció para que se decidiera por una guitarra de doce dólares. Su padre se burló “Nunca vi a un guitarrista que valiera algo”. No debe extrañar que Vernon fuera excluido de la foto que inspiró el cuadro de Elizabeth Peyton. La actitud derrotista del padre contrasta con el optimismo de Elvis reflejado en la pintura. El niño observa confiado, seguro de que le espera un brillante porvenir; los ojos azules hacen juego con el cuello de la camisa del mismo color y la mano derecha descansa sobre su muslo. En cambio, la madre tiene un gesto de preocupación, una actitud de inseguridad ante lo que le deparará el destino; sus ojos negros combinan con el vestido del mismo color y su mano está cerrada en un puño. En la década de los años cincuenta, Gladys vería a su hijo triunfar y gozaría de una envidiable posición económica. Elvis llegaría a ser “El Rey del Rock”, una leyenda de la música popular. Pero, tanto la madre como el hijo, tendrían una muerte trágica: Gladys, quien era golpeada por su esposo, se refugió en el alcohol y en las píldoras para adelgazar (en realidad eran anfetaminas), las cuales no la hicieron bajar de peso sino que le provocaron un infarto cardiaco que la condujo a la tumba, el 14 de agosto de 1958; Elvis, por su parte, ya no era el muchachito dedicado a su madre, quien siempre le pedía que se mantuviera alejado de los vicios y de las malas mujeres, engordó y se atiborró de drogas hasta que un día fue encontrado inconsciente en el baño de su habitación de hotel; lo trasladaron a un hospital y,  poco tiempo, después fue declarado muerto, un fatídico 16 de agosto de 1977.

En el dibujo, lápiz sobre papel, “Constance Wilde and son”, la esposa del escritor Óscar Wilde carga a Cyril, el hijo de ambos, en una escena amorosa y feliz, basada en una fotografía tomada el año de 1889; nada parece vaticinar el juicio de Óscar por sodomía (el año de 1895), la parálisis de Constance a causa de una caída de las escaleras (murió el 7 de abril de 1898, luego de una operación de cirugía espinal) y la muerte de Cyril (el 9 de mayo de 1915), a manos de un francotirador alemán, durante la Primera Guerra Mundial.

En el cuadro “Jackie and John”, se aprecia a Jacqueline Kennedy, quien lleva de la mano a su hijo John, ambos caminan de espaldas; la escena resulta familiar, podría ser cualquier madre paseando con su hijo; pero el hecho de que el cuadro se titule “Jackie and John”, nos remite a un tiempo en el que todavía no se asomaba la sombra de la muerte por cáncer de Jackie y el accidente de aviación que le costó la vida a John-John. La elección de los modelos, en el papel de hijos, con una muerte trágica, no es aleatoria; la artista trata de sugerir, en los cuadros de madre e hijo, la paz que se experimenta antes de la tormenta.

En el año de 1993, Gavin Brown, quien estaba a punto de abrir su galería, organizó en el Hotel Chelsea, en Nueva York, una de las exposiciones individuales de Elizabeth Peyton más recordadas; la gente que deseaba ver los pequeños cuadros (la mayoría dibujos al carbón en tinta de personajes históricos, como Napoleón, María Antonieta, Luis II de Baviera e Isabel II de Inglaterra, entre otros) debía ir a la recepción del hotel y pedir la llave del cuarto 828 (la habitación donde vivió el escritor Herbert Huncke, ícono de la Generación Beat, quien fuera inmortalizado como el personaje Elmer Hassel, en la novela On the Road, de Jack Kerouac). La exposición se transformó en una reunión de amigos-desconocidos que contemplaban los retratos de personas atractivas, cuyos rostros les resultaban familiares o extraños. En un sentido estricto, Elizabeth Peyton no pinta retratos sino personas[2],  por lo tanto sus obras se basan en fotografías y libros, en contadas ocasiones pinta al natural y no acepta comisiones. Los hombres y las mujeres de los cuadros de Elizabeth Peyton son etéreos y luminosos; esto se logra merced al empleo de un óleo diluido que se aplica sobre una superficie muy lisa, lo cual provoca el goteo y da una sensación de inmediatez. La esbeltez del cuerpo y la postura andrógina parecen representar la superioridad del espíritu sobre la carne, a la vez que  acentúan la renuncia a las cosas materiales y a todos los asuntos terrenales, al menos en apariencia. La individualidad de los modelos se consigue gracias a un trabajo detallado en las facciones delicadas y los labios carmesí de los hombres y mujeres retratados, lo cual los hace fácilmente reconocibles. La intención de la artista es captar el espíritu de un tiempo, en el cual los famosos forman parte de nuestras vidas, tanto como el vecino, el familiar o el compañero de trabajo.

(Escrito por Armando Gerardo Santos Uruñuela)


[1] “Deep down he was a shy person”, escribió el fotógrafo Dennis Morris, en la biografía fotográfica de la banda “Sex Pistols” Never Mind the Bollocks, del año 1991.

[2] Elizabeth Peyton. Entrevista con Robb Pruitt y Steve Lafreniere. 2000. “STEVE: Strictly speaking, would you consider yourself a portraitist? ELIZABETH: When cab drivers ask me what I do, I say, “I paint people.” But then I always want to qualify it a little bit. I don’t mind the portraiture thing, but I can’t paint just anybody. I wish I had that skill, but I don’t.”

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