ELIZABETH PEYTON: RETRATOS DE LA MEMORIA PROUSTIANA

“Anette”, de Elizabeth Peyton.

“Anette” (2004, óleo sobre tabla, 35.6 x 27.9 cm, Colección privada, © Elizabeth Peyton), de Elizabeth Peyton.

Elizabeth Peyton estudió, a mediados de los años ochenta (1984-1987), en la Escuela de Artes Visuales, en la ciudad de Nueva York, cuando estaba en boga la segunda generación del expresionismo abstracto. En aquella época, los maestros no ponían énfasis en las técnicas pictóricas; en cambio, alentaban a los alumnos a “sentir el momento” y pintar de forma intuitiva. No debe extrañar que algunos estudiantes, entre ellos Elizabeth Peyton, reaccionaran inclinándose hacia el arte figurativo (no pocos recurrieron al hiperrealismo, en el que la técnica adquiere una vital importancia).

Peyton celebró su primera exposición individual, con obra sobre vidrio, en la galería “Althea Viafora” (en la planta baja del #568 Broadway, en Nueva York, del 10 de noviembre al 3 de diciembre del año 1987), una galería que dio conocer a varios de artistas emergentes de la época, como Matthew Barney, Sherrie Levine, Marilyn Minter y Andrés Serrano. En la exposición, Peyton utilizó el recurso de la belleza, como una forma de provocación. Hace algunos siglos, la belleza era el objetivo primordial del arte y de la vida. Todavía se respetaban algunos conceptos estéticos de la Grecia preclásica, que perseguían lo bello (τò καλόν), es decir lo que gusta por resultar grato a la mirada del espectador, basado en la realidad natural; pero idealizado con una visión subjetiva, que reflejaba la armonía del cuerpo y el alma, equiparando belleza con bondad (καλοκαγαθία, Kalokagathia; del griego kalós: bello, y de agathós: bueno). Jean-Jacques Rousseau consideraba que la bondad y la belleza eran un reflejo de la naturaleza. La naturaleza era la fuente de la que abrevaban los artistas. Esta concepción fue negada por Charles Baudelaire, quien, en su ensayo “El pintor de la vida moderna”, blasfemaba: “La mayor parte de los errores relativos a lo bello nacen de la falsa concepción del siglo XVIII relativa a la moral; la naturaleza se tomó en aquel tiempo como base, fuente y tipo de todo bien y de toda belleza posible; la negación del pecado original tuvo no poco que ver con la ceguera general de esta época; si es que consentimos en referimos simplemente al hecho visible, a la experiencia de todas las edades y a la Gazette des tribunaux, veremos que la naturaleza no enseña nada, o casi nada, es decir que ‘constriñe’ al hombre a dormir, a beber, a comer y a protegerse, como puede, contra las hostilidades de la atmósfera; también es ella la que empuja al hombre a matar a su semejante, a comérselo, a secuestrarlo, a torturarlo; pues, tan pronto como salimos del orden de las necesidades y de las obligaciones para entrar en el del lujo y de los placeres, advertimos que la naturaleza solamente puede aconsejar el crimen”.

A partir del siglo XX, se impuso la creencia de que la belleza es un pecado estético; una traición al “verdadero arte”. Otros, en cambio, reencarnaron la belleza en su opuesto, la fealdad, lo grotesco y repulsivo. En los albores del siglo XXI, una generación de artistas, con menos prejuicios, retomó el concepto de la belleza en el arte como algo inherente a la vida. Elizabeth Peyton hizo suyas las palabras que Óscar Wilde pronunció sobre el trabajo artístico: “los griegos o los italianos o los japoneses lo realizaron hace muchos años; pero es eternamente joven, porque es eternamente bello; trabajad con ese espíritu y estaréis seguros de tener razón; no lo copiéis, pero trabajad con el mismo amor, con la misma veneración, con la misma libertad imaginativa”[1]. Peyton rechazó tanto a los artistas de la década de los ochenta que pensaban que la belleza es “su lado de putita”[2], como a los que creen, como el Balzac decimonónico, que la curva de la nariz o el gesto de la boca pueden expresar una cualidad interior, que se podría leer en el rostro. A Peyton le agrada la idea de que “la belleza viene de muchas cosas y que no es fácil de conseguir”[3]. En el mundo hay millones de personas lindas, pero muy pocas son bellas; y me refiero, en los términos de Óscar Wilde, a esa belleza que no es “un simple accidente de la existencia humana, que la gente pueda tomar o dejar, sino una necesidad positiva de la vida”[4].  De alguna manera, Elizabeth Peyton, cuyos padres eran aficionados a la pintura y a la literatura, ha logrado construir un “círculo de amigos” integrado por los personajes de las novelas de Gustave Flaubert y Stendhal; por figuras históricas, como Napoleón, María Antonieta, Luis II de Baviera, Bosie (el amante de Óscar Wilde), Lady Di, Al Gore y Michelle Obama; por escritoras reconocidas, como Susan Sontang; por músicos, como Elvis Presley, John Lennon, Sid Vicius, Kurt Kobain, Eminem, Pete Doherty y Meg White; por actores, como Leonardo DiCaprio y Chloë Sevigny; por artistas plásticos, como Eugéne Delacroix, Georgia O’Keeffe, Frida Kahlo, David Hockney, Matthew Barney y Rirkrit Tiravanija (su ex marido); y por amistades desconocidas para el resto del mundo, como Tony, Craig, Ben, Nick y Spencer. La pintora no hace distinciones entre celebridades y personajes desconocidos; el título de la mayoría de sus obras es el nombre de su modelo; salvo en el caso de los personajes históricos, los apellidos salen sobrando, para la artista no son más que Kurt, Sid, Liam, Max, Sydney, Craig, Ben, Nick, Anette, Frida, Max, Keith… Esto tiene el efecto de acercar al retratado con el observador del cuadro, consiguiendo una sensación de confianza. La artista distingue entre la atracción que sentimos por las personas famosas y el hecho de que éstas formen parte de nuestra vida: “Es como John Lennon, escuchas su aliento, y puedes tenerlo. Y si realmente amas a esa persona, entonces la tendrás en tu vida y harás de ella algo mejor. De una manera diferente, Kurt Cobain es un buen ejemplo; era su jodida vida, pero ¿cuántos millones de personas se relacionaron con ella? Es una cosa hermosa cuando se produce un colapso entre nuestras propias necesidades personales y lo que hay en el aire”[5]. En cierta ocasión, la artista confesó: “Leo a Melody Maker de la misma manera que leo a Marcel Proust”[6]. En su obra, la imagen de una revista de música puede revivirnos un suceso de nuestra vida, de la misma forma que una magdalena mojada en el té revive un episodio de la infancia del protagonista de la novela Por el camino de Swan, de Marcel Proust. Las pinturas, los dibujos y las fotografías de Peyton aluden por igual al efecto que tienen en nuestra vida los familiares, los amigos, los conocidos y, también, las celebridades, ya sea que estén vivas o muertas. La artista confiesa: “para mí no existe una separación entre las personas a las que conozco a través de su música o fotos y alguien a quien conozco personalmente. La manera en que los percibo es muy similar; no hay diferencia entre determinadas cualidades que encuentro inspiradoras en ellos; ambos me dan algo mágico en el mismo nivel”[7].

Sus retratos son recuerdos, una bitácora de vida, en la que las imágenes sustituyen a las palabras. Sus obras derivan, salvo contadas ocasiones en que utiliza modelos vivos, de fotografías que toma a sus amigos, de fotos históricas de escritores y artistas, o de revistas del espectáculo. En sus pinturas al óleo y acuarelas podemos observar el camino que marcaron sus pinceladas; pero Elizabeth no se limita a ilustrar ni a reproducir servilmente, sino que trabaja en la composición, el espacio, el estilo y el color, a fin de plasmar en sus retratos un sentimiento de intimidad, que se acentúa con el formato pequeño de los cuadros. Si bien, como decía el sabio Salomón (Shlomó), “y no hay nada nuevo bajo del Sol”[8] —su economía de trazos, los colores brillantes y los efectos acuosos, nos remiten a pintores como David Hockney o Alex Katz; mientras que el uso de modelos de apariencia andrógina, la vincula con los retratistas manieristas—, Elizabeth Peyton aplica las enseñanzas de sus maestros en sus acuosas pinturas al óleo y en sus minuciosos dibujos a lápiz de color.

(Escrito por Armando Gerardo Santos Uruñuela)


[1] Óscar Wilde. El artista y el artesano.

[2] Elizabeth Peyton. Entrevista con Robb Pruitt y Steve Lafreniere. 2000. “It’s like they think it’s their slutty side. Especially when we were coming in, in the ’80s. It was such a no-no to have that”.

[3] Ibid. “I like the idea of beauty coming from lots of things and that it’s not easy to get there”.

[4] Óscar Wilde, ob. cit. (nota 1).

[5] Ob. cit. (nota 2). “It’s like John Lennon, you hear his breath. And you can have it. And if you really love that person, then you take them into your life and you make it better with them. In a different way Kurt Cobain is a good example. It was just his own fucked up life, but how many millions of people related to it? It’s a beautiful thing when a collapse occurs between our own personal needs and what’s in the air”.

[6]Mujeres artistas de los siglos XX y XXI. Editado por Uta Grosenick. Editorial Taschen. 2005. Pág. 262.

[7] “No separation for me between people I know through their music or photos and somebody I know personally. The way I perceive them is very similar, in that there’s no difference between the certain qualities I find inspiring in them. Both give me something magical at the same level.” (Elizabeth Peyton. Entrevista realizada por Francesco Bonami, para la revista Flash Art, Marzo/Abril, 1996).

[8] Biblia (hebreo-español. Versión castellana conforme a la tradición judía por Moisés Katznelson. Nueva  edición revisada. Editorial Sinaí. Tel-Aviv, Israel). Eclesiastés 1:9b. Tanaj. Ketuvim. Kohélet (קהלת): 1:9b. וְאֵין כָּל חָדָשׁ תַּחַת הַשָּׁמֶשׁ

Anuncios

2 pensamientos en “ELIZABETH PEYTON: RETRATOS DE LA MEMORIA PROUSTIANA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: